ESTRATEGIA DE LOS RIEGOS EN CASTILLA Y LEÓN

Bayon, E.


1. Introducción

2. Las razones del regadío en nuestra región

3. Situación actual del regadío en nuestra región

4. Influencia de la P.A.C. en el regadío

5. Regadío y medio ambiente

6. Estrategias de actuación en materia de regadíos


  

1. Introducción

Los orígenes del regadío se sitúan en Mesopotamia, en la misma tierra donde el Génesis sitúa el origen del hombre. Según la leyenda de Isis y Osiris, tal vez pueda establecerse hacia el año 6000 a. de C., aunque con más seguridad puede afirmarse su existencia en la civilización prebabilónica de los sumerios hacia el año 5000.

Sin olvidar obras magníficas construidas por romanos y árabes de abastecimiento, regadío o para ambos usos, no es menos cierto que nuestra Comunidad Autónoma tiene sobrada experiencia tanto de su necesidad como de su influencia económica desde tiempo inmemorial, como lo demuestra el hecho de haber desarrollado en su día una importante infraestructura de molinos, presas y regueras en las vegas del Carrión o del Órbigo y en tantos otros lugares diseminados por toda la geografía regional.

En la corta existencia de nuestra Comunidad Autónoma, la Consejería de Agricultura y Ganadería ha manifestado un especial interés por conocer y estudiar todo lo concerniente al regadío de nuestra región; fruto de esta inquietud son el importante número de estudios, proyectos y encuestas realizados que han servido de instrumento de planificación parcial en muchas actuaciones, con el ánimo subyacente de poder llevar a cabo la planificación global de los regadíos de la Comunidad.

En el año 1993, es el Plan Estratégico de la Consejería quien en uno de sus postulados recoge el propósito de redacción de un Plan de Regadíos de la Comunidad Autónoma.

Posteriormente, el Programa de la Consejería para la presente Legislatura, estimaba prioritaria la necesidad de elaborar dicho Plan y propugnaba, que de acuerdo con los planes Hidrológicos de las distintas Cuencas: Duero, Ebro, Tajo y Norte, se distribuyeran los recursos disponibles en las distintas zonas regables que constituyeran el Plan.

Este deseo se ha visto culminado por fin, con la publicación del Plan de Regadíos de Castilla y León que como documento de trabajo se ha dado a conocer a la opinión pública y especialmente a los Organismos y sectores interesados en octubre de 1997, para la aportación de sugerencias y mejoras enriquecedoras.

Castilla y León cuenta con una superficie de regadíos que puede cifrarse en 544.500 ha, lo que viene a suponer aproximadamente el 6% de la superficie total de nuestra Comunidad y algo más del 10% (10,48%) de su superficie agraria útil. Teniendo en cuenta que el ámbito territorial de la cuenca del Duero ocupa el 82% del territorio de nuestra Comunidad, obvio es decir que más del 90% de la superficie total de riego corresponde a esta cuenca, mientras que el resto se reparte entre las del Norte, Ebro y Tajo, correspondiendo:

  
Cuenca del Duero
502.615 ha
Cuenca del Tajo
25.079 ha
Cuenca del Ebro
4.179 ha
Cuenca del Norte
12.626 ha
TOTAL
544.499 ha

Estas superficies han sido extraídas de estudios realizados por la Dirección General de Estructuras Agrarias y coinciden globalmente con las recogidas en el Plan Hidrológico de la Cuenca del Duero, cuyas diferencias entre ambos Planes estriban exclusivamente en las que se derivan de la mayor amplitud territorial de nuestra Comunidad, incluyendo las superficies de otras cuencas, las de un planteamiento a 30 años para el Plan de Regadíos, frente a los 20 incluidos entre los dos horizontes que recoge el Plan Hidrológico, debido al desfase lógico que debe existir entre la ejecución de las infraestructuras de regulación y transporte y el desarrollo de las zonas regables, y las de la distinta consideración formal de determinadas zonas que en estos momentos se encuentran en planificación y desarrollo (Margen Izda. del Porma, Canal Alto de Payuelos y parte del Páramo Bajo), que figuran como zonas a desarrollar en el Plan de Regadíos, mientras que en el Hidrológico se consideran como zonas de riego actual por haberse ejecutado o estar ejecutándose las obras de infraestructura hidráulica pertinentes.

También se detecta una diferencia entre la superficie computada como regable y la que realmente se riega cifrándose ésta en unas 100.000 ha, debiéndose principalmente al barbecho (retirada obligatoria de la P.A.C.), a las superficies destinadas a choperas y leñosas (aunque estas últimas son muy escasas) y al abandono de la práctica del regadío en algunas áreas, motivado unas veces por el mal estado de las infraestructuras principales de riego (caso de los canales Alto y Bajo del Bierzo), al abandono de una parte de los regadíos vinculados a las aguas subterráneas por antieconómicas y principalmente a la emigración sufrida en áreas de borde coincidentes con comarcas de montaña donde existían gran número de riegos o concesiones históricas, generalmente de pradera o aprovechamiento frutal, cuyos habitantes o descendientes han ido abandonando la agricultura.

La superficie actual de riego precisa un consumo anual cercano a los 3.600 Hm3, de los que 3.380 Hm3 corresponden a la Cuenca del Duero.

2. Las razones del regadío en nuestra región

Muchas son las razones que abogan por un mayor desarrollo del regadío en nuestra región, pero especialmente hay alguna que se considera fundamental.

La menor proporción de nuestro regadío con respecto a la superficie agraria útil en comparación con otras Comunidades o Regiones Españolas nos coloca en una situación de inferioridad y condiciona el desarrollo asociado al mismo, favoreciendo a su vez el despoblamiento del entorno rural. Por otra parte, la necesidad de una mayor adaptación a los mercados y la conveniencia de consolidar el sistema agroalimentario, son algunas de las principales razones que favorecen que la política de regadíos tenga que estar presente como estrategia en las actuaciones inversoras.

Se le atribuyen al regadío determinadas consecuencias que, sin duda, deben perseguirse en la planificación de nuevas zonas regables:

  • Mayor demanda de empleo vinculada a la actividad, lo que contribuye a fijar la población en el medio rural.
  • Aumento y estabilización de la renta de las explotaciones agrarias.
  • Contribución a la diversificación económica, al permitir un abanico mayor de cultivos a incluir en la alternativa.
  • Potenciador de las actividades de los sectores secundario y terciario, al generar nuevas actividades de transformación y asociadas.
  • Aumento del P.I.B. regional.
  • Contribución al equilibrio territorial tan perseguido por las políticas nacional y europea.
  • Herramienta esencial para la ordenación global del sector agroalimentario.

Para el cumplimiento de estos objetivos se parte de la premisa de que la justificación de las transformaciones en regadío no puede basarse exclusivamente en criterios de rentabilidad estrictamente económica de las inversiones de capital necesarias, ya que el regadío tradicionalmente y en especial el de nuestra Región, ha ido vinculado a unos objetivos de desarrollo del medio rural, difícilmente cuantificables en términos únicamente económicos, aunque deben ser contemplados como importantes desde la óptica de la inversión pública.

Como se ha dicho antes, la superficie regable castellano-leonesa alcanza el 10,48% respecto a la superficie cultivada incluyendo prados y pastizales, frente al 15% que representa esta superficie a nivel nacional. Si no tenemos en cuenta las regiones del norte (Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco) en las que el regadío tiene escasa importancia por su orografía y por su propio régimen de lluvias, este porcentaje se eleva al 21,62% de media, lo que nos sitúa todavía en un nivel inferior; solamente Castilla-La Mancha con el 8,88% tiene un porcentaje inferior al nuestro.

Teniendo en cuenta la interrelación que las producciones agrarias tienen con la ganadería, el proceso agroindustrial y el sector servicios, se puede estimar la desventaja comparativa que como consecuencia del menor porcentaje de regadíos, se produce en la región desde el punto de vista del desarrollo social y económico.

Hay que tener en cuenta también que las modificaciones sociales de las últimas décadas han influido mucho en los cambios demográficos del sector agrario y en la importancia de las transformaciones en regadío, pero no cabe duda de que aún así, a nivel regional, tienen un tremendo impacto por la presión creciente que la desertización ejerce en el medio rural (más de un 50% del territorio tiene menos de 10 hab./km2).

Siendo la inversión necesaria para llevar a cabo las actuaciones en regadíos muy importante y cuantiosa, afectando fundamentalmente a la población y al territorio, e imbricando de manera evidente al sistema de producción agroalimentaria que en el mundo occidental implica al menos a un 15% de la población activa, es corolario evidente que, a diferencia de otras materias, el regadío adquiere cierta vocación de globalidad.

De la misma manera y a diferencia de otras infraestructuras, las hidráulicas precisas para el riego, permiten transportar algo más que el fluido para el que nominalmente se disponen; de hecho constituyen un elemento básico del entramado económico y social del ámbito agrario regional. Cabe pues concebir al regadío como un vector de desarrollo al que referir los esfuerzos de modernización e industrialización de buena parte de la Comunidad Autónoma, conformando un eje de coordenadas de nuestro mundo rural que acaso y en lo territorial, sólo disponga en este momento de otra orientación, la medioambiental, de similar capacidad de referencia.

Así pues, la planificación de los regadíos en Castilla y León tiene un objetivo fundamental: su utilización como vector de desarrollo integral de las zonas a transformar y desarrollar. Por ello deben tenerse en cuenta en el análisis, junto a los aspectos técnicos y la rentabilidad interna, la incidencia en las externalidades antes señaladas, para establecer las actuaciones a desarrollar y ordenar las necesidades.

Las principales consideraciones que justifican la implantación y mejora de regadíos en la Región son:

  1. La superficie regable castellano-leonesa es porcentualmente inferior a la media nacional, existiendo en la Región suficientes recursos físicos y humanos para poder desarrollar nuevas zonas.
  2. El estado actual de muchos de los regadíos existentes dista mucho de ser el óptimo deseable, siendo, en un alto porcentaje, regadíos antiguos que exigen su inmediata mejora y modernización.
  3. El descenso demográfico sufrido en la población rural a partir de los años 50 y que no ha cesado todavía, obliga a tomar medidas tendentes a un mantenimiento de esta población, mostrándose el regadío como medio eficaz para frenar esta emigración.
  4. La consolidación del mercado agroalimentario, necesita del regadío y permite la estabilización de las zonas rurales, adecuando las producciones a los mercados y manteniendo el nivel de rentas con menos dependencia de las ayudas.
  5. La contribución al equilibrio de la Balanza Comercial Nacional y Regional, en productos propios de la agricultura continental, cuyo déficit es importante, al poderse incluir en las alternativas de los nuevos regadíos.
  6. La necesidad del mantenimiento y mejora del medio ambiente obligan a la realización de planteamientos de equilibrio, entre la propia consolidación de las producciones y los mercados y la potenciación de zonas de especial riqueza ambiental.

Todas estas circunstancias crean una necesidad de actuación en materia de regadíos, que debe comenzar con una planificación adecuada y rigurosa que permita corregir y satisfacer las deficiencias mostradas, correspondiendo esta misión a la Administración Autonómica en virtud de los Decretos de transferencia de competencias en esta materia.

3. Situación actual del regadío en Castilla y León

Si analizamos la situación actual, la Comunidad Autónoma tiene una superficie regable de 544.499 ha que se distribuyen en:

Regadío Permanente
• Aguas superficiales
• Aguas subterráneas
444.362 ha
317.552 ha
126.810 ha
Regadío Eventual
• Aguas superficiales

• Aguas subterráneas
100.137 ha
64.512 ha
35.627 ha

De las 545.000 ha, casi 400.000 se alimentan con aguas superficiales, mientras que 150.000 lo hacen de aguas subterráneas a través de pozos y sondeos.

De la superficie total, unas 263.000 ha corresponden a zonas regables de iniciativa pública (las denominadas estatales o tuteladas por la Administración Hidráulica), mientras que el resto es fruto del interés que ha mostrado la iniciativa privada, lo que viene a poner de manifiesto que más del 50% de los regadíos de la Comunidad Autónoma existen gracias al esfuerzo inversor del propio agricultor.

Debemos hacer especial mención a las 745 Comunidades de Regantes existentes que dominan unas 65.000 ha cuya problemática principal, aparte de la mejora de sus infraestructuras, es la de regularizar su situación administrativa. En general dominan superficies menores de 100 ha a excepción de las del Canal del Duero en Valladolid y el Canal de la Presa de Tierra en León.

En general, la problemática de los regadíos es muy amplia, encontrando que:

  • Alrededor de 98.000 ha de riegos superficiales permanentes presentan déficits significativos de agua.
  • Unas 55.000 ha de riegos con aguas subterráneas se realizan a partir de acuíferos sobreexplotados en que el nivel din mico cada vez desciende más, lo que supone altos costes de bombeo.
  • En torno a 180.000 ha precisan de mejoras en sus infraestructuras, encontrándose con que aproximadamente en 60.000 el suministro se efectúa por conducciones en tierra.

Esta situación implica que en muchos de estos regadíos, las dotaciones que se han de aplicar y los recursos consumidos son muy superiores a los necesarios, que la eficiencia de su aprovechamiento es muy baja, y que casi la mitad de la superficie de regadío actual precisa de importantes actuaciones de consolidación y mejora.

El problema más generalizado en cuanto se refiere a mejora y modernización, es el de poseer una infraestructura muy antigua y deteriorada, estimándose precisa la modernización en cerca de 170.000 ha correspondientes a zonas regables estatales y en otras 30.000 ha de zonas de regadíos tradicionales con concesiones antiguas agrupadas en Comunidades de Regantes vinculadas mayoritariamente a la concentración parcelaria.

Igualmente habría que actuar sobre otras 70.000 ha modernizando el riego en parcela a través de líneas individuales de mejora.

Debido a que buena parte de los regadíos de iniciativa privada se sustentan en aguas subterráneas, soportan un alto coste energético creciente por cuanto supone el descenso paulatino del nivel dinámico, con costes que superan las 100.000 ptas./ha en algunas comarcas, lo que viene produciendo un abandono paulatino de esos regadíos, haciendo necesario un esfuerzo de consolidación y redotación en unas 40.000 ha mediante actuaciones de apoyo y recarga de acuíferos con aguas superficiales, procedentes de regulaciones actuales o futuras.

Respecto a los sistemas de riego utilizados, cabe señalar que en los regadíos con aguas superficiales, la mayoría practican el riego por pie estimándose que en la cuarta parte de estas superficies se está utilizando ya riego a presión, apreciándose una evolución cada vez mayor hacia la utilización de riego por aspersión en estas zonas. Obviamente, la mayor parte de los riegos de pozos y sondeos utilizan este sistema por lo que puede sintetizarse que:

Cultivada de regadío
502.000 ha
Riego de pie
295.000 ha
Riego por aspersión
184.000 ha
Riego por pivot
22.000 ha
Riego por goteo
1.000 ha

Siendo la Cuenca del Duero la que abarca mayor superficie en Castilla y León la mayoría de regadíos en ejecución, se desarrollan en esa cuenca siendo las actuaciones proyectadas concordantes con el Plan Hidrológico.

Cabe señalar que por parte de la Junta de Castilla y León, en las zonas de actuación en regadío durante 1997 se ha invertido un montante presupuestario de 2.400 millones de ptas. incluyendo zonas de mejora, modernización y nuevos regadíos.

Dentro de las actuaciones en nuevos regadíos están las zonas declaradas de Interés General de la Nación, cuya competencia corresponde a la Administración hidráulica junto con las Administraciones Agrarias. En esta situación se encuentran las zonas de los regadíos dependientes del Sistema Riaño y la Margen Izquierda del Tera. Quizá en este punto convenga tener presente lo que disponga el nuevo Plan Nacional de Regadíos, cuyo contenido hasta ahora desconocemos, permaneciendo por tanto vigente el Plan Nacional de Regadíos Horizonte 2005 aprobado por el Consejo de Ministros de 9 de febrero de 1996, en cuyo Plan figuran las siguientes actuaciones para Castilla y León:

En nuevos regadíos:

Riaño-Porma (Margen Izda.)
8.000 ha
Riaño Payuelos (Alto y Bajo)
27.000 ha
Tera Margen Izda (Sec. I a IX)
6.000 ha
La Armuña (Riolobos, Villaflores y Cerro de la Rosa)
6.577 ha
TOTAL
47.577 ha

En modernización:

Páramo Bajo
10.000 ha
Vegas del Cea y Valderaduey
7.500 ha
Z. de concentración parcelaria
10.000 ha
Z. de Aguas Subterráneas
4.000 ha
Otras zonas
6.000 ha
TOTAL
37.500 ha

Respecto a las zonas declaradas de Interés General de la Comunidad Autónoma, son competentes la Administración hidráulica y la Consejería de Agricultura y Ganadería en virtud del Acuerdo Marco suscrito entre ambas Administraciones, habiendo sido declarada la zona regable del Adaja (Ávila), encontrándose pendiente de la infraestructura de transporte para iniciar su ejecución (7.500 ha).

Con las mismas Administraciones y en el mismo estado que en el caso anterior se encuentran la recarga de acuíferos de El Carracillo y la Cubeta de Santiuste de San Juan Bautista en Segovia (4.000 ha).

En cuanto a mejora y modernización de regadío, la Confederación Hidrográfica del Duero viene actuando en las zonas regables estatales bajo su jurisdicción, mientras que las Administraciones Agrarias y especialmente la Consejería de Agricultura y Ganadería vienen haciéndolo en las demás zonas (las vinculadas a concentración parcelaria, las desarrolladas por el desaparecido IRYDA y, en general, en otras zonas).

Paralelamente, por parte de la Comunidad Autónoma se viene trabajando en los pequeños regadíos, haciendo estudios previos de viabilidad y desarrollando pequeñas regulaciones que permitan la transformación de pequeñas áreas de riego, Villagatón, Valtabuyo, Condado de Treviño, Tórtoles de Esgueva, Lomilla de Aguilar y las futuras de Almanza, Valdavia, Boedo y otras que se encuentran actualmente en fase de proyecto o estudio.

En cuanto a los regadíos potenciales, el Plan de Regadíos de Castilla y León contempla todas las zonas previstas en el Plan Hidrológico, salvedad hecha de ligeras modificaciones por planificación detallada posteriormente además de una reserva de 200 Hm3 expresamente recogidos para atender a unas 40.000 ha que se engloban dentro de una denominación genérica de pequeños regadíos.

El listado de Zonas regables y demás superficies a acometer supone un total de 368.289 ha de las que en el Duero se localizan 352.475 ha, que si se descuentan las que en la actualidad están en ejecución o avanzadas en la planificación y los pequeños regadíos, resultan para esta cuenca 272.565 ha.

Si todas las zonas incluidas en planificación se desarrollaran, al finalizar el Plan la Comunidad de Castilla y León pasaría a tener unas 900.000 ha de regadío que representa el 10% de la superficie total y el 17’5% de la S.A.U., lo que supondría incrementar en 7 puntos el porcentaje actual.

El Plan contempla también 10.600 ha de recarga de acuíferos y actuaciones en acondicionamiento y modernización en 81.057 ha con lo que el Plan abarca actuaciones en un total de 459.946 ha.

Si comentamos someramente el tema financiero, el montante global de las inversiones de interés público previstas en el Plan, incluida la actuación en 208.700 ha cuya modernización corresponde a la Administración hidráulica, asciende a 597.650 millones de ptas., correspondiendo:

Regadíos en ejecución: 4,8%
28.978 mill.
Planes Hidrológicos: 59,7%
356.961 mill.
Pequeños regadíos: 8,9%
53.119 mill.
Recargas y redotaciones: 1,6%
9.419 mill.
Acondicionamientos: 6,6%
39.336 mill.
Modernización: 18,4%
109.837 mill.
TOTAL
597.650 mill.

Que sumados al montante de los distintos programas incluidos en el Plan:

2. Control del Agua
15.695 mill. ptas.
3. Apoyo a la implantación e investigación en cultivos de regadío
3.300 mill. ptas.
4. Transformación e industrialización
7.790 mill. ptas.
5. Investigación en técnicas y materiales relacionados con el regadío
2.400 mill. ptas.
6. Inversiones en mejora de la estructura de las explotaciones
107.500 mill. ptas.
TOTAL
734.335 mill. ptas.

cuya financiación correría a cargo de la Administración Central (Ministerio de Medio Ambiente y Ministerio de Agricultura), Administración Autonómica y los particulares afectados.

4. Influencia de la P.A.C. en el regadío

Nadie duda de que la P.A.C. desde el punto de vista actual limita el desarrollo de nuevos regadíos, pero cabe pensar también que, a medio plazo, la demanda creciente de alimentos de países en vías de desarrollo y del tercer mundo abrirá unos horizontes diferentes para los cuales es necesario prepararse, tanto para la adecuación a las condiciones de mercado, como para poder conquistar una cuota diferente a la que las políticas actuales asignan a nuestra Comunidad y a nuestro sector agrario. En este sentido la planificación de los nuevos regadíos no puede supeditarse exclusivamente a la influencia que la P.A.C. ejerce en la actualidad, ya que se corre el grave riesgo de no tener capacidad de reacción ante posibles y probables cambios en el escenario económico actual. No hay que olvidar que el desarrollo de una zona regable no es una cuestión de un día, sino que necesita tiempo y cuantiosas inversiones, por lo que de no estar preparados con antelación, su tardanza impediría tener la necesaria capacidad de respuesta.

Por todas estas razones, si bien se estima como condicionante lógico para el desarrollo de nuevos regadíos su compatibilidad con la P.A.C. y con el G.A.T.T., parece menos lógico aplazar en el tiempo su planificación:

  1. Porque el período de desarrollo de un Plan de Regadíos es considerablemente más largo (30 años) que el de los marcos político-comerciales citados.
  2. Por otra parte, hay que considerar que un incremento anual razonable de la superficie regada en Castilla y León creemos puede compatibilizarse con las exigencias de la P.A.C., siempre y cuando se tengan en cuenta, junto a las iniciativas de desarrollo de nuevos regadíos, determinadas medidas complementarias, como son:
    • Política decidida y concordante de extensificación, reforestación y medidas agroambientales (líneas todas ellas de acompañamiento de la P.A.C.) que equilibren y ajusten en cada período del Plan de Regadíos los incrementos de producción generados por los nuevos regadíos a nuestras potencialidades dentro del marco supranacional, lo que permitiría, por un lado, asegurar mejor hacia el futuro la rentabilidad de la actividad agraria de los cultivos gracias al regadío, regenerando de paso el medio natural, mientras que por otro permitiría un ajuste a la P.A.C., aun a pesar de incrementar nuestro potencial productivo que podría usarse en condiciones de mercado favorables.
    • Renegociación al alza de las superficies de base de regadío ante al marco supraestatal citado.
    • Adecuación de la normativa de forma que permita territorializar convenientemente las medidas anteriores.

5. Regadío y medio ambiente

Aun reconociendo que en época pasada se haya podido pecar de falta de sensibilidad medioambiental en determinadas actuaciones llevadas a cabo, en actividades como concentración parcelaria o regadíos, quizá porque no existía una preocupación o una sensibilidad respecto a lo medioambiental como la hay ahora, no es menos cierto que desde hace varios años se viene prestando mucha más atención a los temas medioambientales, hasta tal punto que en la última reestructuración de la Consejería de Agricultura, dentro de la Dirección General de Estructuras Agrarias, se creó un Servicio, el de Estudios, que a través de la Sección de Estudios Agroambientales y en coordinación con los servicios de Infraestructuras Agrarias y Ordenación de Explotaciones, atiende esta faceta de forma mucho más intensa que en otras Comunidades Autónomas, a lo que sin duda ha contribuido la existencia de una legislación específica en materia de medio ambiente en nuestra Comunidad y la mayor concienciación de los técnicos en los temas medioambientales.

De siempre, se ha reconocido que tanto la concentración parcelaria como el regadío producen efectos beneficiosos desde el punto de vista social y económico en las zonas de actuación, pero a veces y en algunos casos se plantean como actividades perniciosas para el medio ambiente.

Un análisis y un conocimiento exhaustivo de ambas actividades no es posible que nos conduzcan a la conclusión de su perniciosidad respecto al medio, por cuanto ambas han sido parte esencial de las actuaciones en el medio rural en las últimas décadas, sin que por ello se haya llegado a una degradación medioambiental especialmente notoria.

Por otra parte, ambas actividades llevan emparejada la necesidad de realización de infraestructuras, como uno de los mayores beneficios de las mismas, lo cual no implica que dichas obras no puedan tener su correspondiente integración medioambiental y que por tanto se puedan realizar sin tener ese elevado coste ambiental al que a veces se alude.

Dentro del propio Plan se establece como uno de los objetivos prioritarios la integración medioambiental de los regadíos.

Reconociendo y admitiendo también que "el medio ambiente no puede ser disociado del momento económico que vivimos" no implica que este condicionamiento medioambiental se convierta en el fin último de todas las actuaciones. Esta cuestión es fundamental, ya que analizados los factores medioambientales y contemplados desde un punto de vista estricto, podrían llegar a constituir un auténtico freno en el desarrollo económico y social de nuestra Comunidad, haciendo por tanto un flaco favor a sus habitantes y a sus aspiraciones de evolución.

Todo esto cobra aún más fuerza si se analizan detenidamente algunos aspectos socioeconómicos de la Región. La baja densidad de población en muchas de nuestras áreas rurales y la dependencia directa de nuestra economía del sector agrario, son alguno de esos factores que nos inclinan a pensar que la prudencia en las actuaciones, junto con un derroche de imaginación y una eliminación de posturas extremas en el desarrollo de las mismas, es cuestión esencial para no provocar a veces efectos contrarios a los deseados. El despoblamiento total de muchas zonas de nuestra Comunidad (al que casi estamos llegando) lejos de beneficiar y conservar la calidad de nuestro medio, podría llegar a degradarlo de forma mucho más alarmante que los efectos de otras actuaciones consideradas menos favorecedoras.

A veces se piensa como panacea para el mantenimiento y defensa de los valores medioambientales, en la puesta en marcha de programas y medidas que en definitiva significan aporte, vía subvenciones, de determinadas compensaciones que permitan paliar las obligaciones ocasionadas por las exigencias medioambientales. Sin embargo, es preciso manifestar que estas actuaciones por sí solas no son suficientes para conseguir los objetivos de desarrollo necesarios para estas áreas de nuestra región, y en la mayoría de los casos, de ir solas, hasta pueden resultar contraproducentes, ya que normalmente lo que provocan es una reducción de la actividad con el efecto inmediato de una mayor despoblación.

Está comprobado que tratar de mejorar la renta de las explotaciones y de la población del medio rural, sin más, por el simple procedimiento de conceder más subvenciones, no contribuye en último término a fijar esa población, si no va ligada a otras actuaciones que generen actividad y que contribuyan significativamente con estas a potenciar el desarrollo de estas zonas. Es por tanto necesario contemplar todas las actuaciones desde un punto de vista global y no sólo desde el estrictamente medioambiental.

6. Estrategias de actuación en materia de regadíos

Teniendo en cuenta la situación socioeconómica del mundo rural, la problemática de nuestros regadíos y las posibilidades y necesidad de aumentar el que tenemos, las estrategias y pautas a seguir, fundamentalmente deberán ir orientadas hacia:

  • Nuevos regadíos.
  • Modernización de los regadíos existentes.
  • Gestión del regadío y del agua vinculada al mismo.
  • Potenciación de los desarrollos económicos y sociales sinérgicos con los regadíos en el mundo rural.
  • Integración medioambiental de los mismos.

De acuerdo con este planteamiento las actuaciones a desarrollar en los regadíos actuales podemos agruparlas, en función de las necesidades de cada zona, en los siguientes tipos:

    A- Acondicionamiento.

    B- Mejora.

    C- Modernización.

    D- Consolidación: redotación o recarga de acuíferos.

    E- Aplicación en parcela.

  • El desarrollo de las nuevas zonas se vinculará a la reestructuración adecuada de las explotaciones, si éstas no tienen un adecuado nivel de superficie media.
  • Por último, manifestar que como responsable del Órgano de la Comunidad Autónoma encargado del regadío, mi intervención no podría ser otra sino la de defender los regadíos de Castilla y León, pero con el convencimiento de:
  • Que la solución a determinados problemas socioeconómicos de nuestras zonas rurales pasa por la implantación de nuevos regadíos y la mejora de los existentes.
  • Que la creación y mantenimiento de una industria agroalimentaria, capaz de crear riqueza y empleo como medio de estabilización de las zonas rurales, para consolidar el nivel de rentas de nuestros agricultores y sus explotaciones, necesita del regadío.
  • Que si se pretende mantener en determinadas áreas rurales un índice de población suficiente, ante el grave peligro de desertización y en defensa del medio ambiente, no tendremos más remedio que contar con el regadío.

Como conclusión, para alcanzar estos objetivos y tratar de resolver la problemática planteada en nuestro entorno rural, es preciso contar con el regadío, nada menos … y nada más.