El grado de fertilidad de las vacas de nuestras razas autóctonas se aproxima al 90%, es de los más altos a nivel mundial. Rebajar la fertilidad de los rebaños dejando reproductoras cruzadas, supone disminuir la rentabilidad de las explotaciones y perder la identidad de razas como la Morucha, Avileña, Retinta o de Lidia, entre otras, cuya adaptación a los campos castellano-leoneses o extremeños se ha logrado a través de milenios.
En las explotaciones de vacuno extensivo se encuentran razas de marcada aptitud cárnica como son: Charolesa, Limousina y Blonde. Es práctica habitual el cruzamiento con estas razas, dejando los ganaderos las hembras del 50% con el fin de satisfacer las exigencias comerciales de los compradores de terneros para cebo, que demandan animales muy conformados y con buenos índices técnicos.
El peso del ternero al nacimiento está relacionado con el tamaño de la vaca y con el nivel de alimentación aplicado en el último tercio de la gestación. El peso de los terneros al destete depende del peso al nacimiento y de la producción de leche de la madre.
La vaca a elegir para la explotación de vacuno extensivo debe ser de tamaño medio, 450 a 550 kgs. de peso vivo, que no presente problemas al parto (distocias) y que tenga suficiente producción de leche que satisfaga las necesidades del ternero. Estos requisitos los cumplen las vacas de razas autóctonas y las mestizas del 50% de Charolés, Limousin o Blonde, no debiendo utilizarse reproductoras con más del 50%, ya que en la práctica presentan partos difíciles, y con disponibilidades forrajeras escasas la fertilidad de estos animales cae reduciéndose los kilos de terneros producidos por hectárea, a no ser que sean fuertemente suplementadas.
Para plantear un buen sistema reproductivo es conveniente hacer coincidir las disponibilidades de pasto con las máximas necesidades de los animales, por lo que deben de programarse los partos de noviembre a abril y por lo tanto hay que propiciar las cubriciones de febrero a julio.
Es práctica habitual la paridera continua en la que se logra un incremento de la fertilidad (85-90% frente al 80-85% de las parideras concentradas), los inconvenientes de esta práctica son:
Mayor coste del ternero producido debido a que las vacas que paren en meses desfavorables requieren complementaciones alimenticias más importantes.
La producción de terneros es más heterogénea.
Cuando la complementación alimenticia no es adecuada no se consigue el aumento de fertilidad señalado en la paridera continua.
En la programación de partos la concentración de parideras debe ser de cuatro a cinco meses (noviembre a febrero en Extremadura y Andalucía, y de diciembre a marzo en Salamanca y Ávila). Siendo necesario para el buen funcionamiento del programa alimentar bien a las vacas al final de la gestación y sobre todo después del parto que coincide con la lactación y la nueva cubrición.
Una vaca que tenga el parto a principios de año necesita una suplementación de octubre a diciembre (último tercio de gestación) y de enero a marzo (primera mitad de la lactación), este complemento alimenticio debe hacerse teniendo en cuenta la condición corporal de la vaca al parto, las disponibilidades de pasto y la carga ganadera de la finca.
La alimentación de los tres últimos meses de gestación influye significativamente en la aparición del celo después del parto, así mismo la alimentación postparto afecta a la fertilidad.
La sincronización e inducción de celos es un técnica muy desarrollada en ganado ovino, pero que en vacuno extensivo, debido quizá a la dificultad de manejo se utiliza muy poco a pesar de las positivas experiencias llevada a cabo. El método consiste en que a los 60 días después del parto se le aplica a las vacas un implante de progestágeno que permanece durante 10-11 días y a la retirada del implante se le inyectan 700 Unidades Internacionales de Ganadotropina Sérica (PMSG), un día después la mayoría de las vacas tratadas salen en celo. Las vacas que no quedan gestantes en el celo inducido son posteriormente recuperadas por el toro en el celo o celos siguientes. Siendo este método muy interesante para programar el ciclo reproductivo de la vaca según ]as disponibilidades de pasto, haciendo más fácil la concentración de parideras y permitiendo el progreso genético que en un primer paso está en la inseminación artificial, para llegar posteriormente, cuando los costes lo permitan y el manejo lo aconseje, a la transferencia de embriones.
|
La edad de la primera cubrición de las novillas es un tema de gran trascendencia para la rentabilidad de la explotación de vacuno extensivo. Es frecuente que las novillas se cubran a los dos años, con lo que el primer parto tiene lugar casi a los tres años. Parece recomendable la cubrición a los 15 meses teniendo en cuenta el siguiente manejo:
Elegidas las novillas para reposición al destete con 6-7 meses y 180-200 kgs. de peso vivo, hay que conseguir mediante alimentación suplementaria, que lleguen a la primera monta, a los 15 meses, entre 350 y 400 kgs. de peso vivo (70% del peso adulto), por lo que se debe prever una ganancia media de 550-650 grs./día.
Se deben evitar cubriciones antes de los 15-16 meses porque generan partos distócicos y alteraciones del desarrollo.
Es recomendable que la primera cubrición se haga con sementales autóctonos y que se preste especial atención al parto.
La cubrición a los 15 meses ahorra costes en alimentación, 1.700 unidades forrajera que necesitan las novillas entre los dos y tres años de edad y se puede conseguir un ternero más por vaca a lo largo de la vida reproductora.
La eliminación de reproductoras se basa generalmente en la edad, es frecuente desechar entre 15 y 18 años. La vida útil de una vaca en régimen extensivo debe ser de 10-11 años, las vacas muy viejas tienen menos posibilidad maternal, necesitan más suplementación alimenticia, producen terneros con menores pesos al destete y muestran intervalos entre partos más largos.
El diagnóstico temprano de gestación por palpación rectal es una práctica valiosa para el ganadero, le permite programar con antelación suficiente las estrategias de manejo, identificar a las vacas con anomalías en el aparato reproductor, siempre que esta práctica sea realizada por veterinarios especializados es muy aconsejable.